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  • Enrique Guldberg

Homenaje al Tenista Desconocido

Updated: Oct 30

 Habiendo visto 2 o 3 partidos de Alan Cohen, ya no tenia dudas, había encontrado a la ver

Fue en Heraklion donde por cosas del destino coincidí con un Jugador Argentino, Alan Kohen, que había sido mas o menos 750 ATP por el 2015 hasta llegado un momento que por problemas personales, no pudo viajar mas. Con 24 años decidió volver a intentarlo, y en ese nuevo intento es que nos cruzamos por un par de semanas, donde compartimos entrenamientos, comidas, charlas y sobre todo, partidos de tenis.


   La primera impresión que uno se lleva es de que hay algo que no encaja: medirá 1,80, pesara 70 o 72 kl, juega con una Head Prestige de 380 gr, con patrón de cuerdas de 18/20 y 70cm de largo, es decir una raqueta mas para romper piedras  que  para jugar tenis. Pero bueno, para particularidades extrañas, los tenistas no tenemos quién nos gane.

   Tal vez por el hecho de haber compartido charlas y entrenamientos con mis jugadores decidí ir a ver uno de sus partidos de “Pre Qualy” y “hacerle el aguante” (en lenguaje coloquial Argentino). Inmediatamente me llamó la atención su actitud, hacia mucho que no veía esa energía: Corría todas, incluso las que nadie corre, y lo vi recuperar 3 o 4 puntos que estaban solo al alcance de algunos pocos  y eso en un partido de Pre Qualy.  “Bueno, pensé para mis adentros, tal vez sea que hoy esté motivado”, tampoco era el gran partido, si no pasaba nada raro, lo iba a ganar igualmente. Cuando termina, se sienta al lado mío, se quita los calcetines y tenía ampollas en la mayoría de los dedos de los pies, al lo que su único comentario fue: “ Me molestan”  


   Al día siguiente, otro partido, ya lo miré con más atención, sabía lo de las ampollas y sé lo que duelen y más en pista rápida. Era un partido mucho mas duro que el anterior, y Alan parecía un “Galgo” corriendo cada pelota, cada punto como si fuera a vida o muerte. Se hablaba y parecía Espartaco luchando por su vida, exigiéndose un poco más: “este punto es tuyo”, “tenes que ganar este punto”, “lucha, lucha, lucha”!!! Daba igual que punto, todos era importantes, todos eran el último. Difícil de explicar, era como un niño que juega solo por la experiencia, no por el premio.  Y en mi cabeza yo no dejaba de imaginarme en cómo estaban esas ampollas. Termina el partido, gana, se quita los calcetines y por supuesto, las ampollas estaban en carne viva y otra vez solo un simple comentario: “no sabes lo que me duelen”


    Será que soy un romántico que todavía cree que hay jugadores que juegan desde la pasión, y no solo para figurar en el ranking, pero después de verlo competir en ese partido, inmediatamente me vino a la cabeza el video  que esta en Youtube y se puede encontrar bajo el titulo de “Messi es un perro”, el texto del video lo escribió Hernan Casciari.


   En muchas charlas suelo mencionar ese video acerca de Leo Messi para intentar explicar el sentido trascendente del deporte. El video hace una comparativa entre Messi y un perro que persigue con obsesión enfermiza una esponja amarilla. Hace una descripción perfecta de lo que significa sentir y practicar un deporte con pasión, disfrutarlo con todas las consecuencias, las buenas y las no tan buenas, mas allá de los resultados. 

Habiendo visto 2 o 3 partidos de Alan Kohen, ya no tenia dudas, había encontrado a la versión tenística del "hombre perro”, del jugador conectado con la esencia:  Alan Kohen era el hombre perro, mas específicamente un “Galgo” que corría y recuperaba hasta lo imposible. En 2 semanas levanto un 1/5 y un 0/5 para terminar ganando, recuperó un promedio de 6 o 7 puntos “perdidos” por partido, desquiciando a los rivales. Claro!, como no se van a volver locos, no entienden; entran en un terreno desconocido, donde la pelota que nunca vuelve….vuelve y vuelve. Oponentes con rostros y lagrimas de impotencia, miradas al entrenador buscando respuestas afuera, y el universal gesto de los hombros hacia arriba: “y yo que se”!!. Gritos, raquetas volando, la cabeza llena de preguntas, dudas y la derrota que golpea a la puerta.  Y los pies de Alan seguían en carne viva, como el cerebro de los rivales: quemados.


    Imposible entrar en la perfección narrativa de Hernan Casciari para explicar esa sensación de estar presenciando deporte en estado puro: honestidad, emoción, pasión, competitividad, compromiso y algo, que desde mi punto de vista, es de una rareza casi extinguida en el deporte actual: la ausencia de excusas:“Jugó bien”, “Que podes hacer si el otro es bueno”, “me pasó el pincel en ese revés o como cuando falla un golpe y dice, “era esa”, “estaba bien jugada”, “que pena”.  Ninguna autocrítica dura, solo algunas palabras de ajuste antes que el volcán de energía tomara otra vez el control de su humanidad para enfocarse  en pasar la pelota al otro lado. Un manual muy completo de 1 pagina de cómo se debe competir: darlo todo sin excusas. Se ve fácil, no lo es.


     No sé que tan lejos llegara en el Ranking, aunque se merece llegar alto, muy alto.  Aunque como un egoísta amante del deporte, donde llegue es irrelevante. Esto esta muy lejos de las luces y los beneficios de la fama de las super estrellas, esto está relacionado con la esencia misma del deporte, en la auto superación, en la grandeza de lo simple, en la trascendencia. Esto es acerca de una persona que ama lo que hace, y lo que hace lo hace sin excusas, con absoluta honestidad y coherencia entre lo que es, lo que siente, lo que piensa y lo que hace. Tal vez un poco cansado de la realidad actual donde la mayoría de los jugadores juegan tenis para tener resultados a cualquier precio, en vez de pagar el precio para aprender a jugar al tenis y entonces obtener resultados. Competir no es una cuestión de nivel, se trata de darlo todo a tu nivel. Da igual el ranking, si es el torneo del club o la final de un Grand Slam. Competir es aceptar lo que uno es y aceptar al rival como aliado indispensable para ser mejor.


    Al final, el tenis es una excusa, una “buena” excusa en caso de que existieran, para mirarnos al espejo de nuestra alma. La derecha, el revés, el saque es fácil, lo difícil es dominar al Ego para ser capaces de escuchar al Gran Maestro: El Tenis, que con metódica insistencia nos dice, repite y pone en evidencia nuestros limites, refleja cruelmente la diferencia entre lo que queremos ser y lo que somos  además de mostrar nuestros complejos y facetas mas ocultas. Todo sale en un partido de tenis, aunque lo intentemos, es imposible ocultar lo que somos.


     Escribo esto en el aeropuerto de Atenas, esperando mi vuelo a Barcelona. Volvemos con los bolsos llenos de experiencias, todos hemos aprendido, jugado horas de tenis y compartido buenos momentos. Pero lo mas importante es la bocanada de aire fresco, es la satisfacción de haber encontrado a un jugador que refleja lo que busco transmitir a cada uno de los jugadores que pisan mi academia, que los buenos resultados son consecuencia del rendimiento, que competir es una actitud, una decisión para que al final del partido no te debas nada.


   Un buen ejemplo vale más que mil palabras, al final lo único que les dije a mis jugadores fue: quieren jugar tenis? Disfrácense de Alan Kohen. Mucho mas allá de mis palabras, al fin pude ver y mostrar en vivo lo que significa ser un “hombre perro”





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